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Huele peor en los bares desde la prohibicion del tabaco

Por: Mikel López Iturriaga

El humo ha desaparecido de los bares. Lo que significa que ya no huelen a tabaco. ¿Pero ha sido sustituida esta peste por otras, menos perjudiciales para la salud pero más ofensivas para el olfato?

Esto es lo que me preguntaba este fin de semana después de oír quejarse a algunas de mis amistades. Ellos describían cómo el fin del tabaquismo en los locales había dado paso a una marea de intensos olores a humedad, a cocina, a desinfectante o, digámoslo finamente, a humanidad. Según su testimonio, todo lo que antes tapaban los cigarrillos está saliendo a la luz ahora, para merma del placer gustativo proporcionado por el vino, la cerveza o el gin-tonic.

Para contrastar la información, y como reportero intrépido que soy, he aguzado el olfato en todos los establecimientos que he visitado estos días, todos ellos diurnos porque dada mi avanzada edad ya no voy a los nocturnos. La verdad es que no he notado más cambio que la maravillosa liberación del humazo ajeno que la nueva ley ha traído consigo, y he disfrutado con el aroma de mi café, del pincho de tortilla o de la ración de chipirones sin chimeneas humanas cerca.
Sin embargo, un buen periodista nunca debe basarse sólo en sus impresiones personales. Es mucho más profesional hacer el clásico sondeo 100% entre amigos, conocidos y conocidos de conocidos, para así poder acercarse un poco a la verdad sobre el asunto (o que al menos lo parezca).

Los resultados de mi encuesta fueron diversos. Un grupo de amigas asiduas a toda clase de bares en, respondieron con entusiasmo que sí. “Hemos cambiado el olor a tabaco por el olor a sudor”, afirmaba una. “Ahora los bares tendrán que invertir en sistemas de ventilación y en ambientadores”, decía otra. Sin embargo, preguntadas por si habían detectado un mayor tufo a humedad o a fiesta del día anterior en los garitos, respondieron que no: “Más bien huele a lejía”.

Buscando fuentes más pro, hablé con la disc-jockey de un club y con un barman. La primera me dijo lo siguiente: “No sé si huele mejor o peor, pero sí diferente. Huele a personas, a humanidad, a piel… con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva”. El segundo negó los malos olores generalizados: “Eso será en los bares que están guarros”.

Al no obtener ninguna conclusión definitiva con mis indagaciones, no me ha quedado otra solución que recurrir al último recurso del periodista en apuros que no sabe cómo justificar un tema: Internet. Y no me ha fallado. La prueba absoluta de que algo sucede o existe, que es tener páginas dedicadas en Facebook, se cumple para el asunto de los olores: 201 personas siguen, por ejemplo, ‘Con la nueva ley los bares huelen más a sudor’, y 143, ‘Bares que antes olían a cigarro y ahora huelen a pedo y a sobaco’.

También he descubierto con alborozo que algunos avispados medios online ya habían tratado el tema. La pieza de Vigoalminuto empieza con una frase gloriosa -”la ley antitabaco ha descubierto a qué olemos”, y cita después a varios dueños de pubs que se quejan del tufo a sudor y a humedad. Algunos luchan contra el fenómeno con ambientadores, mientras que otros optan por la acción directa colgando en sus establecimientos carteles.

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Foto Principal: Alejandro Ruesga